De un tiempo a esta parte se viene realizando en la prensa un debate acerca de la pertinecia o no de declarar obras de arte a ciertos enchastres realizados por personajes más o menos anónimos, que al caer la noche, la noche real, no esta otra (link), aclaro, aprovechan para garabatear paredes y monumentos de forma indiscriminada y totalmente a piacere. Obviamente no es así, pero parecería como si además de la protección que les brindan las tinieblas, el anonimato y su actuar furtivo, esos artistas contasen con la protección tácita de las autoridades contratadas por nosotros, los ciudadanos, que les pagamos el sueldo para que nos administren el bien común, la ciudad, que con su actuar (ninguno) apelan a sus cada vez menos necesarios conocimientos del francés para, aparte de pontificar frecuentemente acerca del derecho a expresarse por parte de esos artistas incomprendidos, decirnos paternalmente laissez faire, laissez passer. A pocos pasos de la obra magnífica digna del mejor Basquiat (en fin...) que se ve en el centro de la foto, hay una galería de arte y en el local cerrado aledaño a la magna obra una vez funcionó la galería Bruzzone del muy recordado marchand Kut Speyer, que tan buenos consejos y opiniones me diera a propósito del arte nacional y de los artistas, e incluso me vendió algunos cuadros que conservo. ¿Qué habría pensado Speyer de su vecino mural?
