Mi primera reacción fue sorprenderme. Ignoraba que por la zona hubiese un templo religioso ante el cual el presunto fiel se estuviese postrando, así que apelando a mi formación (autodidactica) en el llamado pensamiento crítico (link), rápidamente y con mi proverbial astucia pasé a creer que el objeto de adoración del personaje serían las imágenes de las dos bellas jóvenes a la derecha, algo muy tanguero, sin duda y por lo tanto, bastante nuestro, aunque cada vez menos. (A la gente joven hoy en día no suele interesarles el dos por cuatro (link) ). Pero ya lo ven, Montevideo, pese a su reducido tamaño y que por momentos parece hallarse fuera del circuito cultural mundial, no deja de mostrarme facetas ignoradas de tanto en tanto.
martes, 1 de septiembre de 2026
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