sábado, 1 de marzo de 2014

A través de los años

Cuando tuve la indelicadeza de encuadrarlo con el visor de mi cámara y tomarle una fotografía, el balcón ya se estaba cayendo a pedazos. Estoy seguro de que tuvo su momento de gloria, cuando estaba recién hecho y se asomaba con orgullo a la calle para ver y ser visto, admirado, envidiado. Luego los años le fueron hincando el diente y su deterioro, probablemente acentuado por una reiterada carencia de mantenimiento, por  desidia o falta de interés por parte de sus propietarios, contribuyeron a que se viese así, decrépito, al borde del derrumbe. En fin, un poco como lo que nos pasa también a los humanos.