Esta tarde pasé frente al sempiterno grupo de ajedrecistas en la esquina de 18 de Julio que he fotografiado tantas veces y me llevé una sorpresa. Por primera vez vi sentada frente al tablero, enfrentando con brío a uno de los habitués del club de la vereda, a una mujer. Jugaban una partida "ping pong", con relojes regulados para poco tiempo y hay que ser realmente bueno para no meter la pata con el apuro. La ajedrecista parecía desempeñarse muy bien y me habría gustado quedarme un rato más para ver quién ganaba, pero se me hacía tarde y tuve que continuar mi camino.miércoles, 21 de septiembre de 2011
La ajedrecista
Esta tarde pasé frente al sempiterno grupo de ajedrecistas en la esquina de 18 de Julio que he fotografiado tantas veces y me llevé una sorpresa. Por primera vez vi sentada frente al tablero, enfrentando con brío a uno de los habitués del club de la vereda, a una mujer. Jugaban una partida "ping pong", con relojes regulados para poco tiempo y hay que ser realmente bueno para no meter la pata con el apuro. La ajedrecista parecía desempeñarse muy bien y me habría gustado quedarme un rato más para ver quién ganaba, pero se me hacía tarde y tuve que continuar mi camino.